Querido Millenial, Despierta (parte 1)

millenn

ESTIMADO MILLENNIAL: DESPIERTA.

(Primera Parte)

Francisco García Pimentel

@franciscogpr

No sabes hacer una presentación decente con powerpoint. No sabes usar Excel o Word más allá de lo básico, como mi abuela. No sabes hacer un presupuesto, ni dirigir una junta de forma eficiente. No sabes hablar en público sin temblar. Ni siquiera sabes redactar un correo o una carta sencilla; ni se diga un proyecto más completo.

Pero eso sí, quieres puesto con oficina privada, tarjetitas de presentación modernas, un sueldo de directivo y los clientes que tú elijas. Quieres flexibilidad de horarios y vacaciones extendidas. Quieres puesto de estacionamiento.

Eres el millennial que vino a pedirme trabajo ayer; o antier, o la semana pasada. Eres el generación Z que vino a pedirme coaching o una recomendación para trabajar en la televisión o el radio. Sí, tú, el creativo, el genial, en cuyo perfil de linkedin aparecen títulos de CEO, founder y traveller, networker. Eres el alumno o graduado de una universidad carísima, el que le ha hecho fraude a sus papás haciéndoles creer que estudiaba y aprendía.

Perdona que te diga esto; pero te lo digo porque te aprecio y, sobre todo, porque yo he estado allí antes que tú. Escucha: eres un bueno para nada. No eres especial. Y no, no te voy a contratar.

Alguien tiene que decírtelo y bueno, igual que sea yo u otro. Apréndelo hoy de una vez; cuanto antes mejor.

Me importa un bledo si eres millenial o generación X, Y o Z. Las reglas del universo no cambian de fondo, aunque cambien algunas formas. Y la regla primordial de los negocios es esta: ¿quieres cobrar? Tienes que generar primero. Nadie te paga sueldo de director por hacer un trabajo que podría hacer un asno bien entrenado. Crees que la industria se debe de adaptar a ti, pero estás soñando.

Tu currículum da vergüenza. Tu dizque portafolio de diseño parece sacado de metroflog. Tienes más faltas de ortografía que palabras atinadas y usas letra comic sans. ¿Te llamas comunicador, diseñador, abogado? Eres una broma. Bájale a tus ínfulas; seguramente el chocomilk te sale mal. Pero en los antros pasas bien rápido. No, pues qué envidia. Tus fotos de la playa son geniales, ¡y tan originales!

Pero mira, no pasa nada. No te voy a contratar, pero te voy a dejar tres consejos. Se puede salvar el problema si te lo propones. Lo primero es entender que ninguna licenciatura (o maestría o doctorado) sustituyen la experiencia. La experiencia sí se paga; el papelito no. Hay que pegarle durísimo y empezar de donde haya que empezar.

Segundo: ¿quieres trabajar? Pues trabaja. Así que no me vengas con que quieres vacaciones y salir temprano los viernes. Yo te contrato si estás dispuesto a trabajar quince horas, y los sábados y los domingos, y no ir a la playa ni de parranda por trabajar. Trabajar para ti, no para mí. Yo no puedo hacerte experto en nada; solo tú puedes, y con la ayuda de un solo maestro: tiempo. Métele horas y horas a lo que quieras hacer. Muchas horas. Miles de horas. Si no, no pasarás de mediocre y de allí, ni quien te saque. ¿Quieres sueldo de jefe? Pues regresa cuando lo seas.

Entre tanto, aprende que no hay tarea indigna. Si no estás dispuesto a barrer, trapear, sacar copias, desvelarte, clavar, atornillar, pintar, ir al centro y comer mal; lamento mucho decirte que no solo no tienes madera de jefe. No tienes madera ni de empleado. No tienes madera de nada más que de farol.

Si crees que emprendiendo en vez de contratarte te ahorras las jornadas largas y la mala paga, te tengo una pésima noticia. Emprender es muchísimo más difícil que trabajar. Ambos caminos son válidos y valiosos, pero en ambos la subida está llena de jóvenes flojos, creativos que no crean nada, networkers que no venden y emprendedores sin clientes, que viven con sus papás.

Tercero: ¡felicidades, eres licenciado, como los otros seis millones que salen cada año de las universidades de México y el mundo! Si hubo un tiempo en que el papel te garantizaba el trabajo, no lo sé. Tienes que seguir aprendiendo y estamos en la mejor era de la historia para poder hacerlo. ¡Lee, mentecato! Hay millones de libros sobre todo lo que quieras. Cursos en línea gratuitos, audiolibros de cualquier tema. Si dejas de aprender hoy, dejas de crecer hoy. Y ahí tenemos a los cuarentones chavorrucos que siguen de parranda y en casa de mamá. Vas que vuelas.

Estoy dispuesto a que seas un inútil hoy, si quieres aprender y partirte el lomo. Pero que presumas tu inutilidad como si fuera una virtud… de ninguna manera.

Porque allí te veo, en tu octavo semestre de carrera, echado en la clase, disperso, distraído, pensando en el gym y en el finde, metido en Instagram. Planeando el negocillo que ¡pum! te hará millonario. Cómo no. No tienes trabajo, pues “estás dedicado al estudio”. Qué responsable. Ojalá tus papás te la crean, porque yo no.

Obviamente hay excepciones. Conozco y he trabajado con jóvenes millenials y generación Z que sí traen la película correcta. Para los que no: esta es una llamada de atención.

Sal de tu burbuja, pártete el hocico; no trabajes para ganar dinero, sino para aprender. El aprendizaje te dará las herramientas para que puedas crecer, conectarte más y crear un producto o servicio único que te defina; que reúna tu pasión y tu talento y aporte valor a tus clientes o empleadores. Y entonces serás jefe, serás rico, serás lo que quieras.

Pero entre tanto, no me vengas a pedir vacaciones. No te las has ganado.

***

El autor es abogado, escritor, conferencista, networker, traveller, CEO, presidente de Zambombia, emperador de Narnia, founder & activist. Millennial. Síguelo en twitter @franciscogpr


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