Querido Millenial, despierta (Parte 2)

QUERIDO MILLENNIAL: DESPIERTA (Segunda Parte).

Francisco García Pimentel

@franciscogpr

La semana pasada escribí la primera parte de este artículo; quizás lo hayas leído. Era un artículo fuerte y agresivo. La respuesta fue impresionante. Miles me escribieron para decirme que estaban encantados y agradecidos; otros tantos para informarme lo que no les pareció. Algunos pocos para ofenderme abiertamente.

Pero tú estás aquí, leyendo esto. Es una gran noticia, porque significa que alguna cosa te llamó la atención. Quizás alguna frase hiriente te hizo despertar o algún consejo te pareció útil, y quieres aprender leer un poco más sobre cómo mejorar. El hecho de que sigas aquí es una buena señal: muchos dejaron de leer cuando mencioné las 15 horas de trabajo, o puse en peligro sus vacaciones. No te preocupes, ellos hallarán su propia forma de encontrar propósito. Yo no soy la vía adecuada para ellos.

Si sigues aquí es porque decidiste mirar por encima de mis palabras agresivas. Te hice pasar un mal rato, pero seguiste leyendo. Es decir: superaste un obstáculo. No lo atacaste, no te quejaste, no renunciaste. Levantaste la cara y proseguiste. Bienvenido al otro lado del orgullo.

Aunque el artículo es aplicable a personas de diversas generaciones, he dirigido el artículo específicamente a millennials por una sola razón: yo soy millennial, y lo que escribo lo escribo desde mi experiencia. En realidad casi todo lo que describo en la persona del millennial no es más que la descripción de mí mismo. YO SOY EL MILLENNAL DEL QUE HABLO, o por lo menos lo fui, y espero que mi experiencia te sirva a ti, joven o no tan joven que estás buscando trabajo, atorado en un trabajo sin futuro o a punto de emprender.

Y lo escribo por una sola razón: me hubiera encantado que esto me lo dijera alguien cuando tenía 18, o 22 o 26 años. Perdí muchos años de mi vida siendo el pazguato que describo en el otro artículo. ¡A cuántas entrevistas de empleo fui mal preparado, a exigir condiciones y no dispuesto a aprender! Cuando no me dieron el puesto culpé al patrón, a la empresa, a la crisis o al gobierno o a quien fuera. Nunca a mí mismo.

En otras ocasiones perdí mi empleo por no comprometerme a fondo. Era más o menos puntual, pero me pasaba los días preocupado por el fin de semana o el siguiente viaje. Todo era un juego. Pensaba que por el solo hecho de cumplir mis horas tenía derecho a mi sueldo; y por el puro paso del tiempo me haría acreedor a aumentos y promociones.  No podía estar más equivocado. Por años malgasté mi tiempo, mi dinero y mi talento sin comprometerme de lleno con un proyecto, ni conmigo mismo.

Pero sobre todo, malgasté la paciencia de quienes me dieron oportunidades. De todos aquellos que me concedieron entrevista, o los que me contrataron. Les fallé tanto que apenas tengo cara para verlos. Fue muchísimo más tarde y gracias a la paciencia de personas que me aprecian y a las palabras hirientes –sí, muy hirientes y necesarias- de otros que me quieren aún más que pude encontrar mi vocación, un trabajo estable y emprender mi propio negocio.

Y ha sido un viaje genial, que sigue en proceso. Pero sigo pensando que si alguien me hubiera despertado antes, no hubiera perdido tanto, ni abusado de tantos, como hice por años. Si en el artículo se lee rabia, es porque la hay, contra mí mismo.

Ahora trabajo con jóvenes de preparatoria y universidad. Y cuando les veo perdidos en clase, o buscando trabajo o tratando de emprender, pero sin querer comprometerse ni con una cosa ni con otra, les quiero gritar –te quiero gritar a ti-  ¡DESPIERTA!

Despierta. Tienes muchos talentos, pero no te dejes definir por la etiqueta que le han puesto a tu generación. Tú eres tú. El mundo necesita y tiene espacio –y negocio- para lo que eres y lo que haces.

Pero para alcanzar éxito en cualquier empleo o empresa, la regla de siempre sigue siendo válida. Tienes que comprometerte y dedicarle mucho tiempo y muchas horas a construir tu propia historia.

Despierta. Es verdad que los millennials o la generación Z queremos jugar con nuestras propias reglas, ser dueños de nuestro tiempo y nuestro destino. Tenemos las herramientas tecnológicas y el entorno para hacerlo. Los grandes millonarios de nuestra era –los fundadores de Facebook, Google, Airbnb, Uber, etcétera- son millennials que se atrevieron a romper moldes. Pero te garantizo que todos ellos dedicaron mucho más de 15 horas y se jugaron todo lo que tenían para transformar su creatividad y su visión en un modelo exitoso.

Por eso, mi recomendación es ésta. Los baby boomers aprendieron a entregar su vida a empresas que después les protegían; confiaron en un sistema de pensiones que funcionaba. La mayoría de nosotros no tenemos esa opción. Nosotros tenemos que plantear nuestra propia vida como la más grande empresa: meterle creatividad, estrategia, inteligencia y mucho mucho esfuerzo.

Si vas a trabajar para alguien, entonces entiende que tu principal sueldo será la experiencia. Sé un trabajador modelo. Arriésgate y da más de lo que te piden. Invierte en tu propio crecimiento y nunca dejes de aprender, estudiar e intentar. Reinvéntate. No importa que te equivoques. Levántate muchas veces, pero mantén fija la vista en tu objetivo: descubrir tu pasión, desarrollar tu talento y apostar por cosas grandes.

A fin de cuentas, el tema no es cuánto te exige tu jefe, o cuánto te exige el mundo. LA MEDIDA DE LA GRANDEZA ES CUÁNTO TE EXIGES A TI MISMO. Muhammad Ali decía: el dolor es pasajero, pero la victoria es eterna. Vive hoy como pocos quieren; después vivirás como pocos pueden.

***speaker 10


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