GRACIAS, LUISMI.

GRACIAS, LUISMI.

Francisco García Pimentel

@franciscogpr

México, de tanto hablar de Luismi, ha causado una distorsión espacio-temporal y se ha convertido en un recreo de secundaria de 1987; y hemos demostrado en dónde está nuestro verdadero corazón: aunque presumimos de Netflix, en realidad somos bien Blim. Las décadas de ver el Chavo y Siempre en Domingo no pasan en vano.

Su padre es un sinvergüenza; Iñarritú le bajó la chava y todo el mundo abusó de él. Todo esto (y mucho, mucho más) lo sé porque vivo en este planeta, porque trabajo con la computadora y no porque haya visto algún capítulo (no lo he visto). Como sea, una cosa me queda clara: Amo a Luismi.

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No solamente porque sea un gran cantante (que lo es) o porque su vida sea una telenovela en sí misma (que también lo es), sino porque ha logrado lo que yo no creía posible: dar un respiro a las redes en medio de la tensión electoral.

Y no, no creo que sea una “cortina de humo”, ni un “compló” ni nada. Está comprobado científicamente que el ser humano promedio solo puede ingerir ocho encuestas, tres boicots a Derbez y quince investigaciones falsas antes de empezar convulsiones espasmódicas. A estas alturas, creo que Luismi ayudará a salvar al país en este complicado año 2018.

Primero: resulta un punto de unión en medio de una campaña de odio y división. Lo he dicho antes y lo repito: el arroz no se ha cocido e independientemente de quién gane el 1ro de julio, gran parte del daño ya está hecho. El odio y el resentimiento no se borrarán al día siguiente y han de costar sudor y sangre para millones. Puedo decir que he visto a Luismi integrarse como un tema de conversación comodín, que divierte y distiende, en conversaciones en entornos de todo tipo: estudiantiles, profesionales, en la calle y el metrobús.

Segundo: la distracción hace bien cuando el caldo es tan amargo. Esta vez no estamos hablando de “pan y circo” por parte del gobierno, sino de una válvula de escape que surge de manera natural en medio de un entorno sediento. La conversación ha cambiado un poco, y eso hace bien al alma. A pesar de que las campañas son ahora más cortas por ley, siguen siendo largas, caras y costosas… en más de un sentido.

Tercero: la distancia ayuda a tomar perspectiva. Luismi ha dado otra cosa de qué hablar a la gente, aunque no sea alta cultura ni arte o filosofía. En este momento los mexicanos no necesitamos más información confusa y a carretadas, sino espacio de reflexión. Las fake news, la posverdad, las mentiras, desgastan la mente, causan fricción y conflicto. Un respiro a la semana no nos viene nada mal, y esta perspectiva nos puede ayudar a tomar una mejor decisión con la cabeza más despejada.

Cuarto: esto podría ayudar a votar mejor. Las actuales campañas están caracterizadas por ser una desesperante conversación de sordos, en donde cada grupo se tapa los oídos, cierra los ojos y grita “lalala” mientras arroja veneno a todos lados. Si sacamos la cabeza por un rato de la cubeta de desechos que son las campañas 24/7, quizás podamos saludar a la gente, abrir los ojos, y darnos cuenta de que hemos convertido lo relativo en absoluto. Las campañas son importantes; pero no son lo MÁS importante. Lo más importante tiene pies, y ojos y nombre y apellido y lo tenemos enfrente. Hay que apostarle la vida a eso, y no a un candidato, ni un partido. Hay que votar con la gente en mente, y no cegados por una preferencia o un ansia de victoria.

Cada candidato en su burbuja de narciso cree que su propia victoria es la salvación de la humanidad y ninguno se bajará de la contienda, aunque con eso pueda ayudar a México. Eso quiere decir que ellos no apuestan su ego por mí; y yo no apostaré mi vida por ellos. Hay que votar, y hay que hacerlo con convicción. Aunque votar sea un imperativo categórico, una obligación moral, y una responsabilidad inexcusable, estar enamorado como adolescente de tu candidato no lo es. No hace falta ser perfecto para ser buen gobernante; pero sí hace falta ser humano. Y ningún humano es perfecto.

Excepto Luismi, claro. Ese tipo canta como un dios y sonríe como un héroe griego y ha sufrido tanto. O eso me han dicho.

Por eso gracias, Luismi. Ojalá que la vida le haga justicia, y que el respiro que nos regala nos sirva para tomar distancia, hacer amigos, desconstiparnos y votar con claridad, y sin odiarnos. Sé que es casi absurdo lo que digo y muy poco sofisticado. Igual, a México le hacía falta un salvavidas mental, y éste ha llegado con copete y bronceado.

Eso sí: que sea respiro y no escape. Hay que estar conscientes y preparados para analizar a fondo y votar con sentido y responsabilidad. Que de esta votación dependen muchas cosas.
@franciscogpr

 


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