MIGRANTES EN UN PAÍS DE MIGRANTES.

MIGRANTES EN UN PAÍS DE MIGRANTES.

Francisco García Pimentel

@franciscogpr

Johanna María es una mujer hondureña que viaja en la caravana de migrantes hacia Estados Unidos. Tiene dos hijos, de ocho y seis años que viajan con ella, y que han tenido que caminar por días, librar la violencia; dormir en la calle, pasar hambre y sed. Son solo tres de las ya casi ocho mil personas que conforman la gran caravana que hoy atraviesa nuestro país.

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Las redes están divididas. El gran peligro en el análisis de este tipo de temas es la dicotomía fundamental; los extremismos mentales que nos hacen ver solamente dos opciones, el asunto en blanco y negro; que nos obligan a dividirnos sencillamente en pro o en contra, como si el tema tuviera solamente una solución definitiva. Tip: no la tiene.

¿Cuáles son los principales argumentos que he leído, y cómo podemos abordarlos?

  1. LA LEY ES LA LEY.

Leído en redes: “No tengo nada en contra de ellos, pero la ley es la ley. El hecho es que son ilegales y cruzaron la frontera de manera ilegal. ¿Por qué vamos a tratarlos con pinzas?”

No basta señalar la ironía de esta declaración viniendo de un país que expulsa cada año cientos de miles de migrantes hacia Estados Unidos, y que constantemente pide respeto y buen trato para éstos, y que no ha sabido atender su propio problema de emigración.

Los países tienen fronteras porque tienen territorio; y aquéllas tienen una función elemental: proteger a los ciudadanos propios de amenazas externas. No existe un país sin fronteras, y parte de la definición de soberanía es la capacidad de definir las políticas migratorias que al país convengan. Ningún país puede recibir migrantes de manera desmedida y generalizada sin grave riesgo.

Sin embargo, a quienes hablan de leyes hay que preguntar ¿Cuáles leyes? No solamente las leyes internas aplican al caso, sino también los instrumentos internacionales de los que México es firmante, y que contienen consideraciones para caso de migraciones en masa y de trato de refugiados. En todos ellos el acento está en la defensa de los derechos humanos de los migrantes. No cuento de hadas. Es ley.

Así que con la ley en la mano, aunque México no está obligado a dar visa, o trabajo o vivienda a estas personas; sí está obligado a proveer para ellas un entorno en donde sus derechos fundamentales no sean violados.

En esta materia, México tiene un historial vergonzoso. Cada año miles de migrantes centro y sudamericanos son maltratados, extorsionados (por autoridades, polleros, carteles, transportistas y demás); asesinados y violados (7 de cada 10 mujeres son abusadas sexualmente durante el trayecto). Ocho mil hondureños no desestabilizarán una economía de 120 millones; pero es una oportunidad única de revisar el fondo de nuestra cultura de legalidad y derechos humanos. Podemos ser mejores.

  1. ES UN TRUCO POLÍTICO.

Algunos acusan que todo es un movimiento político y financiado para desestabilizar al gobierno mexicano o a Donald Trump de frente a las elecciones intermedias en Estados Unidos. He leído que es una intervención extranjera de George Soros para garantizar control en la región. He leído que es un plan de AMLO para presionar su propia agenda. Cada quien tiene su teoría.

Yo no afirmo ni niego (porque no tengo más elementos) ninguna de estas teorías. Así que suponiendo –sin conceder- que así lo fuera; y que todas estas personas no son más que peones en un ajedrez político, mi postura sigue inamovible. Si es una jugada política, entonces los de la caravana no son culpables, sino las víctimas. Es nuestra obligación moral y legal defender los derechos humanos de todos y cada uno de los migrantes; en especial de niños y bebés que se encuentran en particular peligro.

Puesto de otra forma: si no es lícito para Trump –o quien sea- usar seres humanos para su agenda política… ¿para nosotros sí lo es?

  1. SON LADRONES Y CRIMINALES.

Nosotros nos indignamos con justa razón cuando Trump dijo que los mexicanos migrantes eran asesinos y violadores. ¿Mediremos con la misma vara? Aunque estadísticamente es una certeza que algunos de los miles de migrantes tendrán algún antecedente criminal –y otros más recurrirán al robo o la violencia empujados por la discriminación y la pobreza-, cualquier generalización de esta naturaleza no es más que ignorancia.

Incluso si fueran ladrones ¿nos da vía libre para el maltrato, el odio y la violencia? Incluso si llegaran a robar para poder comer… ¿no se nos puede ocurrir otra idea para evitar tal situación? Los migrantes van de paso y de no lograr entrar en EEUU, la mayoría regresará a sus casas.

Recordemos que vienen huyendo de una situación insostenible de pobreza y violencia. Históricamente México ha abierto sus brazos en tiempos de crisis o guerra a españoles, italianos, chinos, chilenos, venezolanos y más. Desde el punto de vista sociológico, los centroamericanos no son lejanos a nosotros en historia, lengua, cultura o religión. Un proceso pacífico no tendría por qué ser inalcanzable.

  1. MÉXICO YA TIENE SUS PROPIOS PROBLEMAS.

El credo de los que no quieren cambio. Siempre que hay una propuesta, la que sea, afirman que hay otras cosas más urgentes. ¿Construyen un puente? Urge más la educación. ¿Construyen una escuela? Hay niños muriendo de hambre. ¿Construyen un parque? Urge más atender la violencia. ¿Capturan a un capo? Se nos olvida el calentamiento global. Un país es una realidad compleja y multifactorial que nunca se reduce a una sola cosa importante, y que tiene cientos de cosas urgentes que atender en todo momento. Para estas personas si su hijo se rompe la cabeza, no hay que llevarlo al hospital, porque es más importante que haga la tarea.

Nuestros hermanos centroamericanos ya entraron y ya están aquí. Es la definición de urgencia; y en este caso, de crisis humanitaria. México cuenta con solidez institucional y puede solicitar apoyo internacional para lograr superarla. Como todas las urgencias, debe de atenderse con corrección y rapidez y permitir una transición que resuelva el plazo corto y el largo.

De vuelta al inicio: no podemos ver este problema en blanco y negro; como si solo tuviera dos soluciones absolutas; o todo o nada. Debemos ser, primero, humanos en la comprensión y atención de cada una de estas personas –que bien podríamos ser tú o yo-, pues si no está en nuestras manos solucionar el problema en conjunto, sí están en nuestras manos una sonrisa; un techo y un pan. Segundo; hacer visible y exigir al gobierno un rediseño profundo de su cultura de maltrato a los migrantes, que es una vergüenza mundial. No hay que descubrir el hilo negro. Existen protocolos internacionales para estos casos y debemos actuar con legalidad, prudencia y solidaridad.

Primero, humanos. Segundo, institucionales y creativos.

¿Qué va a pasar cuando lleguen a la frontera? ¿Qué va a pasar después? No lo sé. Lo que sí sé es esto: cada problema tiene cientos de soluciones (hay que buscarlas) y todos en el planeta somos seres humanos. Se puede ser humanista sin ser ingenuo; y proteger a los propios sin vejar a los demás.

@franciscogpr


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