TERCERA GUERRA MUNDIAL, NO. SEGUNDA GUERRA FRÍA

esfera

Publicado el 19 de junio de 2017 con el nombre de 100 DÍAS DE TRUMP, MACRON Y LA ESFERA DE CRISTAL EN LA GACETA MERCANTIL http://www.juntoslahacemos.mx/index.php/junio-2017/100-dias-de-trump-macron-y-la-esfera-de-cristal

 

Si hubieran pedido a Stephen King, a Shakespeare o a Chespirito que escribieran el guion para 2017, ninguno hubiera podido acercarse, ni de lejos, al horror, drama y comedia del que hemos sido testigos los que tenemos la suerte de estar vivos. La geopolítica moderna parece una telenovela amarillista, siempre al borde del barranco, pero siempre caminando, de una forma u otra, hacia el capítulo siguiente.

La pregunta que se nos hace es casi siempre la misma ¿qué es lo que viene?, como si tuviéramos esferas de cristal bajo la manga. No la tenemos; pero tenemos lo que está a la vista. Y lo que está a la vista es un caos.

Empecemos por Trump, quien ha llegado a sus primeros cien días de gobierno. Según sus promesas de campaña, en estos cien días tendría que estar derrotado Isis, terminado el conflicto de Siria, renovado Venezuela, acabado México, generados millones de empleos, multiplicados los panes y también los peces. Lo único que ha logrado es dar trompicones. En entrevista con Reuters, olvidando el filtro, si alguna vez lo tuvo, dijo “Esto es más trabajo que mi vida anterior. ¡Pensé que sería más sencillo!”

El muro quedará pendiente, por falta de dinero. En cambio, la inversión en armamento militar y las recientes –y súbitas- intervenciones en Siria y la zona de Norcorea, indican una tendencia a la acción militar. A un paso de eliminar el Obamacare, la nueva política de seguridad social podría causar estragos entre la población. Su gabinete está dividido (o despedido). Y sin embargo, entre sus huestes su popularidad sigue en ascenso. Su exacerbado nacionalismo y power speech siguen siendo atractivos para gran parte de la población norteamericana.

No sucede lo mismo en el resto de mundo, en donde hace unos meses se preveía una inclinación global hacia los nuevos nacionalismos. El Brexit fue un campanazo que anunciaba la caída de la Unión Europea, pero Francia puso una pausa –no más- al temido efecto dominó, al elegir a Emmanuel Macron sobre Marine Le Pen.

Si a Le Pen se le acusaba de racista y nacionalista; a Macron se le acusa de débil e islamista. Los miedos no son menores en un continente en donde la apropiación cultural pro-musulmana va a la alza, y cuyos inmigrantes mantienen una tasa de natalidad cinco veces superior a la de sus nacionales. A corto plazo, las crisis económicas y políticas en países como España, Grecia, Italia, Turquía, podrían arrastrar a la Unión completa a una pérdida absoluta de su liderazgo internacional. ¿Podrá Macron sumarse a Merkel en el reposicionamiento regional sin demérito del desarrollo local? Habrá que preguntar a la esfera.

Con la Unión Europea débil y Estados Unidos confuso ¿quién toma la estafeta del liderazgo moral, político, económico en la esfera global? China, Rusia, Europa Central y los Emiratos levantan la mano.

La lucha de siempre regresa con nuevos fueros. Si queremos encontrar parámetros históricos al momento que vivimos no hay que decir “tercera guerra mundial”, sino “segunda guerra fría”.

Los sistemas sociales disímiles –comunismo, capitalismo, democracia, populismo y monarquía- se hallan en tensión constante, y debaten sus riñas no de frente en un campo de batalla, sino en distintos tableros: el económico, el mediático y el control militar de enfrentamientos laterales: Venezuela, México, España, Siria, Irán, Corea, África. Cada una de estas guerras es una ficha pequeña en un tablero más grande.

 

Nuestra patria, cuerno de la abundancia, se halla al borde de una decisión histórica que podría también inclinar la balanza de las décadas por venir. El 2018 es más importante de lo que creemos, porque no elegiremos rumbo para un sexenio, sino nuestra postura temporal en el gran tablero. El hartazgo de la corrupción nos empuja hacia el populismo bolivariano, pero basta una mirada a Caracas para saber lo que vendría. La inercia histórica nos empuja hacia el mismo sistema, fundamentado en la corrupción, cuyo mayor pecado no es el robo, sino la ingobernabilidad que éste suscita: los pueblos sin ley, la muerte y el miedo. ¿Existe una tercera opción? Eso está por verse.

La victoria de Macron en Francia pone en entredicho la invencibilidad del bipartidismo y entrega el poder a un candidato ciudadano, mientras la tendencia al nacionalismo moderado y la defensa de los valores tradicionales pueden resultar ventajosos para mantener unida a Inglaterra y el resto de Europa a través de esta nueva crisis. Desde la posición en que nos encontramos, la única esperanza de México es alejarse de extremismos ideológicos y hacer frente común contra del cáncer que nos ahoga: la corrupción institucionalizada. ¿Habrá un candidato que logre encarnar estos ideales? Una vez más, habrá que preguntar a la esfera… ¿o no?

Hoy, lo que hay, son interrogantes. Ninguna esfera posee la respuesta. La esfera, de hecho, no existe. Lo mismo en la feria que en la vida real: la respuesta la tenemos los dueños de la esfera. Nada viene de afuera, nada está dicho, nada es destino: la decisión es nuestra.


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